domingo 1 de noviembre de 2009

La vega de Motril. D.E.P.



Esto es una pequeña muestra de una recopilación de fotos que estoy tomando por los caminos de la vega.
Estas concretamente son del Camino de la Mar y seguramente las más conocidas por todos lo que pasáis por él. Pero en breve os presentaré una extensa recopilación con las que, quien sabe si algún día se podrá hacer una exposición que pueda remover conciencias.

jueves 22 de octubre de 2009

Las ranas están a salvo

Esta mañana, al despertar escuché la lluvia caer, e inevitablemente pasaron por mi memoria recuerdos, escenas, sensaciones, olores, sabores...
Es curioso. Quizás este sea uno de los pocos lugares del mundo donde la lluvia se saborea, pero a quién que no sea de por aquí, la lluvia no le trae a la memoria el sabor de las migas calientes, con sardinas, jureles, tocino, rábanos, pimientos asados, arenques, etc., todo dependiendo de lo que nuestras madres o abuelas encontraran ese día en el mercado.
Y luego, como mandan los cánones, guardar las sobras para, durante la merienda comérnoslas con chocolate caliente.
Como decía, esta mañana escuché la lluvia, y lo primero que se me vino a la cabeza fue una frase típica de los arrieros que he escuchado desde niño, y es aquella de; “tenía que estar lloviendo hasta que se ahogaran las ranas en los balates”.
Esta frase, me trae gratos recuerdos de muchísima gente mayor, gente del campo que durante mi niñez me ayudo cada uno en su medida y momento, a conformar parte de lo que hoy soy, y cómo no, a pesar del madrugón, este pensamiento ha hecho que se me dibuje una sonrisa en la cara. Una sonrisa de agradecimiento por lo que esa gente y esos momentos han significado para mí. Bueno, y significan, porque todavía queda alguno vivo, y aun los sigo viendo y echando un ratico de cháchara con ellos cuando voy a ver a mi madre.
Pues así, ensimismado y retrotraído a mi niñez he podido comprobar casi con el mismo asombro que entonces, la felicidad de todas esas personas cada vez que llovía, y no era para menos, puesto que esa lluvia era la mayoría de las veces la fuente de sustento de miles de familias.
Así, poco a poco, durante unos pocos minutos he saboreado todo esto, hasta que apenas me ha empezado a caer el agua de la ducha por la cabeza, he vuelto a la realidad y me ha entristecido y avergonzado el hecho de pensar qué es lo que dirían mis viejecillos hoy día al ver que aquel bien tan preciado que ellos tenían y con el que se batían a diario en la vida para subsistir, los hemos casi aniquilado.
Aquel bien para el que ellos tanto agradecían esta lluvia de migas y rábanos era un fértil y leal seguro de vida.
Hoy, la vega se ha convertido en un verdadero criadero de ratas. Ya no se piensa en la lluvia por lo bien que le va a venir al campo. Ahora el tópico es decir que limpia la atmósfera.
Quizás lo único positivo de esto, es que la rana que supuestamente tenía que ahogarse en el balate está a salvo, aunque llueva más incluso que cuando se deseaba ello.
A penas queda gente del campo, de la vega, y es algo que resulta lógico cuando la propia vega está desapareciendo.
En su día, alguien creyó que cambiar papas y estiércol por ladrillos y cemento sería bueno para el desarrollo, y tal como han ido las cosas durante los últimos años parecía ser así, pero las circunstancias actuales nos muestran que hemos sido más burros que los que cargaban las cañas.
La vega nunca nos habría traicionado.